21 de julio de 2009

El guardián entre el centeno - J.D. Salinger

"Era un taxi viejísimo que olía como si alguien hubiera acabado de vomitar dentro. Siempre me toca uno de ésos cuando voy a algún lado de noche. Pero más deprimente todavía era que las calles estuvieran tan tristes y solitarias a pesar de ser sábado. Apenas se veía a nadie. De vez en cuando cruzaban un hombre y una mujer abrazados por la cintura, o una pandilla de tipos riéndose como hienas de algo que apuesto la cabeza a que no tenía la menor gracia. Nueva York es terrible cuando alguien se ríe de noche. La carcajada se oye a millas y millas de distancia, y hace que uno se sienta aún más triste y deprimido. En el fondo, lo que me hubiera gustado habría sido ir a casa un rato y charlar con Phoebe. Pero, en fin, como les iba diciendo, subí al taxi, y pronto el taxista empezó a darme un poco de conversación. Se llamaba Howitz y era mucho más simpático que el anterior. Por eso se me ocurrió que a lo mejor sabía lo de los patos.-Dígame, Howitz -le dije-. ¿Pasa usted muchas veces junto al lago del Central Park ? -¿ Qué ? -El lago, sabe. Ese lago pequeño que hay cerca de Central South Park. Donde están los patos. ¿ Sabe, no? -Sí. ¿ Qué pasa con ese lago ? -¿ Se acuerda de esos patos que hay siempre nadando ahí ? Sobre todo en primavera. ¿ Sabe usted por casualidad dónde van en invierno ? -Adónde va , quién ? -Los patos. ¿ Lo sabe usted, por casualidad? ¿ Viene alguien a llevárselos a alguna parte en un camión o se van ellos por su cuenta al sur, o qué hacen ? El tal Howitz volvió la cabeza en redondo para mirarme. Tenía muy poca paciencia, pero no era mala persona. -¿ Cómo quiere que lo sepa? -me dijo-. ¿Cómo quiere que sepa semejante estupidez ? -Bueno, no se enoje por eso. -¿ Quién se enoja ? Nadie se enoja. Decidí que si iba a tomarse las cosas tan a pecho, mejor era no hablar. Pero fue él quien sacó de nuevo la conversación. Volvió otra vez la cabeza en redondo y me dijo: -Los peces son los que no se van a ninguna parte. Los peces se quedan en el lago. Esos sí que no se mueven. "


Holden Caufield es un adolescente que no logra adaptarse al mundo. A su mundo. Luego de que lo echan del colegio –el quinto en pocos años- decide refugiarse en el centro de Nueva York por unos días antes de enfrentar a sus padres con la noticia.

Algunos hechos trágicos de su vida han hecho de este joven un ser oscuro y negativo, que no logra encontrara en su vida diaria nada que lo motive.

Irónico y descreído, narra un par de días de su vida y los contratiempos que sufre tratando de escapar de un destino que, sin embargo, sabe inexorable. Un destino de adulto, donde se convertirá en aquello que hoy desprecia pero a la vez anhela para sí mismo.

Su pequeña hermana Phoebe, con quien adora conversar a pesar de la diferencia de edad, será quien lo haga ver un poco más allá de sus frustraciones diarias.

El guardián entre el centeno es una obra destinada al público juvenil. Sin embargo, todos aquellos que no se hayan acercado a ella en su adolescencia pueden hacerlo sin miedo: no van a sentirse fuera de lugar, y en muchos pasajes se verán reflejados.

Contrariando su mote de “maldito” –ya que es reconocida como la obra favorita de algunos asesinos “célebres”- esta novela no es una apología ni de la violencia ni de una vida de delincuencia.

Sus personajes –incluso el propio Holden a pesar de renegar de todo- destacan la importancia de una formación y del trabajo duro para poder salir adelante en la vida. Sin sermones, en lenguaje llano y asequible, da a los jóvenes –y a los no tanto- una buena lección de vida.

Jerome David Salinger, nació en Estados Unidos en 1919. En sus obras retrata los dolores y miedos de niños y adolescentes con maestría. Luego del éxito de El guardián entre el centeno se volvió ermitaño, y poco se supo de él más que por sus obras. Esta novela, publicada en 1951, lo convirtió en escritor de culto y a su protagonista en prototipo del adolescente desengañado y en busca de su propio lugar en un mundo que no reconoce como propio: el de los adultos.

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