11 de agosto de 2006

AROMAS DE LA INFANCIA

Hace unas semanas un aroma me hizo volver a mi infancia. A la merienda de los sábados en la casa de mis abuelos.

Las galletitas de miel en un plato blanco con flores, eran el acompañamiento obligado de la taza de malta hecho con leche. Y también lo era mi absoluto desconcierto, que hoy percibo como tal 25 años después, ante esos seres que me parecían de otra era.

En esas tardes, en las que sus conversaciones –de viejos, pensaba yo- me sumían en un estado de aburrimiento, me escapaba a sumergirme en la biblioteca de mi abuelo.
Miles de libros, a mi disposición. Libros de “adultos” ante los que tenía libertad absoluta para mirar, tocar, elegir, leer.

Esos estantes maravillosos me invitaban, cada atardecer de sábado cuando me despedían, a seguir buceando en la otra gran biblioteca de mi infancia: la de mi mamá.

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