8 de septiembre de 2009

La invención de la soledad - Paul Auster

La invención de la soledad es una narración, dividida en dos partes, donde el tema central es la relación entre paternidad y soledad. En la primera parte –El hombre invisible-, Paul Auster nos habla de la relación –o falta de ella- con su padre, quién acaba de morir. La ausencia y la soledad se entremezclan con los reproches y el intento de justificación.

En la segunda parte, El libro de la memoria, Auster encadena la reflexión acerca de su papel como hijo con su propia paternidad y la soledad del escritor.

Me costó mucho leer la segunda parte luego del fuerte impacto que me causó la primera, incluso entre ambas lecturas hubo un lapso de tiempo en el cual no sólo leí otras cosas sino que también re leí El hombre invisible.

Primera Parte - El hombre invisible

“Como a cualquier otra cosa en su vida, él sólo me veía a través de la bruma de su soledad, a una gran distancia de sí mismo. Creo que para él el mundo era un lugar lejano, un lugar al que nunca logró penetrar de verdad; y allí, a la distancia, entre las sombras que aleteaban a su alrededor, yo nací, me convertí en su hijo y crecí, como una sombra más que aparecía y desaparecía en el oscuro ámbito de su conciencia.”

Paul Auster nos habla en esta primera parte del libro acerca de su padre. Cómo fue su relación con él y cómo esta influyó en su vida.

El relato comienza con la muerte de su padre y su obligación –“por ser el único de la familia que puede hacerlo”- de desarmar la casa donde aquel vivía. El encuentro con los diferentes objetos que le pertenecieron y que eran parte de su cotidianeidad, hacen que Auster comience a conocer a un ser del que sabía poco e intuí mucho menos.

Con el desgarrado dolor de quien siempre quiso tener el afecto de su padre pero siente que jamás lo consiguió, el autor va contando distintos eventos de su vida compartidos o no con su padre, pero en los cuáles su impronta es insoslayable.

Seguramente esta narración autobiográfica llegará a cada lector de diferentes maneras de acuerdo a las propias experiencias. Es un texto intimista donde la angustia por la ausencia paterna se transmite en cada palabra. Hay frases en las cuales parece intentar dar un justificativo a estas actitudes, pero el dolor y el enojo de la frase siguiente echa por tierra todos sus intentos y la simpatía que pudiéramos sentir por la figura paterna desaparece.

“Ha habido una herida y ahora me doy cuenta de que es muy profunda. Y el acto de escribir, en lugar de cicatrizarla como yo creía que haría, ha mantenido esta herida abierta”.

Segunda Parte - El libro de la memoria

Como decía más arriba, me costó mucho comenzar a leer la segunda parte de este libro. Incluso comencé varias veces, ya que se me hacía muy engorroso el estilo que Auster utiliza al comienzo.

Una vez que se toma envión en la lectura no puede dejarse, es –o a mi me resultó - incluso más atrapante que El hombre invisible.

Auster narra parte de sus memorias y las de algunos personajes de la literatura y la historia, poniéndose en el papel de A., nuestro personaje. Nuevamente ligado a la muerte y sus sentimientos hacia ella, la falta que le hizo la ausencia de su padre y como su abuelo materno logró suplir en algunos aspectos, los miedos propios de un padre primerizo hacia su pequeño hijo y su futuro y su relación con otros escritores, se entrelazan en esta especie de ensayo sobre la memoria y sus recovecos.

La soledad y la pobreza de una vida bohemia tienen un papel destacado al hacer referencia a su experiencia como escritor y a la observación que hace de la vida de otros narradores, algunos incluso viviendo casi en la indigencia y que poseen un sentimiento de desapego hacia todo lo material.

Durante casi todos sus años de adulto, se ha ganado la vida traduciendo los libros de otros escritores. Se sienta ante su mesa, lee el libro en francés, luego coge su pluma y escribe el mismo libro en inglés. Es el mismo libro, pero al mismo tiempo no lo es, y la singularidad de esta tarea nunca ha dejado de asombrarle. Cada libro es una imagen de soledad. Es un objeto tangible que uno puede levantar, apoyar, abrir y cerrar, y sus palabras representan muchos meses, cuando no muchos años de la soledad de un hombre, de modo que con cada libro que uno lee puede decirse a sí mismo que está enfrentándose a una partícula de esa soledad. Un hombre se sienta solo en una habitación y escribe. El libro puede hablar de soledad o compañía, pero siempre es necesariamente un producto de la soledad. A. se sienta ante su mesa para traducir el libro de otro hombre, y es como si entrara en la soledad de ese hombre y la hiciera propia. Aunque sin duda eso es imposible, pues una vez que se abre la brecha de una soledad, una vez que la soledad ha sido asumida por otro, deja de ser soledad para convertirse en una especie de compañía. Aunque sólo haya un hombre en la habitación, en realidad hay dos. A. se imagina a sí mismo como una especie de espectro de aquel otro hombre, que está y no está allí, y cuyo libro es y no es el mismo que él está traduciendo. Entonces se dice a sí mismo que es posible estar solo y no estarlo en el mismo momento.

1 comentario:

Rosalía dijo...

He leído varios de Paul Auster pero éste aún lo tengo pendiente ...

bsos!