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19 de abril de 2011

Una lectora nada común - Alan Bennett

El año pasado se me ocurrió, como herramienta para disminuir mi siempre creciente lista de libros por leer, llevar a cabo una serie de retos personales con distintas temáticas.

El primero, hecho en junio, tenía como tema obras en las cuales los libros fueran protagonistas. Así fue como leí: “El lector”, “La ladrona de libros”, “El librero de Kabul” y “Firmin”.

El reto del mes de agosto –ya que julio pasó sin pena ni gloria- tenía como guía para la elección a autores que no hubiera leído aún. Elegí a Le Clezio, Haddon, Cumming y Bennet, con sus obras “El africano”, “El incidente del perro a medianoche”, “Las horas” y “Una lectora nada común”. Este reto aún no lo he cumplido, se fue retrasando en parte por falta de tiempo y en parte porque Saramago metió la cola o mejor dicho su pluma, y produjo una pausa en mi programa de lecturas para meter dos de sus libros: “Ensayo sobre la lucidez” y “Caín”, la cual ya comente aquí, y la anterior aún sigue en el tintero.

Comencé este reto con “Una lectora nada común” del escritor inglés Alan Bennett. Ya había leído unas pocas frases del libro unos meses antes, pero en ese momento no me llamó demasiado la atención esta historia real (de la realeza), que toma un personaje real (de la vida) para contarnos una historia de ficción.

Pero esta vez, la segunda que hoy fue la vencida, me enganché con la historia a tal punto que la leí de una sentada. Para ser más exacta, de varias sentadas a lo largo del día, ya que lo comencé a la hora de la siesta y a la noche ya la había terminado. Responsables de estos son su extensión – ya que es una novela muy corta- y la prosa fresca y llevadera, que hace que a uno no le cueste avanzar, pero si cueste dejarla. Engancha y se deja leer con calma.

La reina Isabel I es dueña de –entre tantas otras cosas- un par de cachorros de los más traviesos y desobedientes. Una noche, persiguiéndolos para que entren, se encuentra –en pleno jardín de Buckingham- una camioneta toda destartalada que oficia de biblioteca ambulante. Ahí dentro, el bibliotecario y uno de sus empleados, metidos entre los libros, logran que se lleve un ejemplar –aunque es importante destacar que se lo lleva por simple corrección política y no por un interés verdadero por la lectura-.

Y aquí comienza la historia. ¿Qué pasa cuando una persona que tiene demasiadas obligaciones como para “perder” el tiempo leyendo se enamora de los libros y sus historias? ¿Qué ocurre cuando una persona demasiado ocupada en parecer interesante pero sin interesarse en nada comienza a interesarse por la letra impresa hasta tal punto de dejar de lado sus ocupaciones? ¿Qué ocurre cuando una persona comienza a escuchar realmente a sus interlocutores basándose en su interés por conocer nuevas lecturas? ¿Puede un libro, o un conjunto de lo más variopinto de ellos, cambiar la historia mundial?

27 de febrero de 2011

El librero de Kabul - Asne Seiesrstad

Asne Seiesrstad es una periodista noruega, que decide reflejar la vida de las mujeres en Kabul y para ello se integra en una, la de Sultan Khan, dueño de una librería en la capital. Seiesrstad no quiere escribir esta historia a partir de entrevistas, por eso esta decisión de pasar a formar parte de una familia de clase media, para ver desde dentro y en forma cotidiana cuales son las vivencias, sueños y miedos de sus protagonistas.

A partir de un narrador omnipresente pero sin nombrarse a sí misma, la autora nos va describiendo la vida de las mujeres afganas a través de lo que ocurre en el hogar del que forma parte momentáneamente.

La familia de Khan está formada, al inicio de la historia, por el librero, su esposa, sus hijos, sus hermanas y su madre.

Khan va contando su historia, sus peripecias como librero y amante de las letras en un país donde gobiernos y gobernantes deciden quiénes pueden acceder a los libros, cómo pueden hacerlo y fundamentalmente a qué libros, cuáles son los textos permitidos y cuáles pueden, incluso, llevar a la prisión y a la muerte.

Si bien este libro cuenta la vida de Sultán Khan, lo que más llama la atención es el tipo de vida que llevan las mujeres de su entorno, la falta de derechos y la opresión a la que estas se ven forzadas.

Luego de la publicación de este libro, el librero se sintió ofendido por lo escrito, acusó a la autora de mentirosa y decidió publicar su propia versión de los hechos. Este libro aún no ha sido publicado en castellano, y sólo se conocen algunos detalles por los medios, por lo que lo poco que sabemos es que Sultan Khan desmiente a Seiesrstad y cuenta lo felices que viven todas las mujeres a su alrededor.

Personalmente no creo que haya mentiras en ninguno de los dos libros. Son visiones diferentes de una misma realidad. Una occidental, de una mujer proveniente de un país donde mujeres y hombres son considerados iguales, que poseen –al menos para la ley- los mismos derechos y las mismas obligaciones. Otra de un hombre criado y formado en una cultura donde la mujer es un objeto, una pertenencia del hombre, quien decide cómo ella vive… y también cómo muere.

11 de diciembre de 2010

Caín - José Saramago


Saramago vuelve con su ateísmo militante a contarnos una historia basada en la biblia. En este caso comienza describiendo que fue de la vida de Adán y Eva en sus últimos días en el jardín del Edén, con un Adán pusilánime y una Eva poco dispuesta a creer y obedecer a rajatabla a ese dios que decide caprichosamente qué hacer y qué deshacer.

Fiel heredero de las dudas de su madre, Caín se vuelve un crítico acérrimo del “creador”, alguien que no está dispuesto a tolerar berrinches de nadie, por muy dios que sea.
Luego de que sus ofrendas son despreciadas por el “señor”, mientras que las de su hermano son recibidas con agrado, Caín decide sacarlo del medio y volverse el único con capacidad de ofrecer algo en sacrificio. Luego del crimen dios aparece para reclamarle por su acción. Este es el momento en el que se da el primero de muchos debates que habrá a lo largo de la historia entre Caín y dios, donde –a pesar de lo que muchos podrían imaginar si no conocen a Saramago- no es siempre el supremo el que se quedará con la última palabra.

Como castigo por el asesinato de su hermano Abel –historia repetida hasta el cansancio, tanto en ámbitos religiosos como ateos-, dios decide que Caín deberá llevar una marca en su frente, vagar por el mundo y no podrá morir a manos de ningún hombre. Con semejante designio, nuestro héroe sale a recorrer una tierra desconocida, pero con la tranquilidad de quien confía en tener su vida asegurada.

Por alguno de esos caprichos de los que hablábamos antes, Caín tiene la capacidad –aunque no puede manejarla a su antojo- de transportarse en el tiempo, trasladándose indiscrimidamente del presente al futuro y de este al pasado, y vuelta a empezar en distintas direcciones. Así será testigo de muchas de las historias que la biblia cuenta, volviéndose un factor decisivo en la resolución de estas historias, la mayoría de ellas dramáticas.

No es novedad que Saramago es uno de mis escritores favoritos y a pesar de las críticas bastante desfavorables que se han hecho con respecto a esta obra, creo que tiene el mismo alto nivel de la mayoría de sus obras, aunque no creo que –para mi gusto- ninguna de las que me falta leer pueda llegar a tener la calidad literaria y de creatividad que tiene El evangelio según Jesucristo, uno de los libros que me llevaría a una isla desierta sin dudarlo.

No creo que Caín sea la obra ideal para acercarse por primera vez al escritor portugués. Aunque yo no lo haya hecho de este modo, lo ideal es –según mi humilde parecer- leerlo en orden cronológico para poder apreciar su evolución y poder entender algunos hechos o personajes que van re apareciendo en sus obras posteriores.

9 de noviembre de 2010

La ladrona de libros - Markus Zusak

En el reto personal de junio hubo dos libros ambientados durante la Segunda Guerra Mundial: “El lector” y “La ladrona de libros”.

Además de ser dos historias totalmente diferentes, con personajes que ni siquiera hubieran podido cruzarse en sus largas o cortas vidas, con una narración que se diferencia claramente, lo que realmente las diferencia para mi es que “La ladrona…” realmente me enamoró.

Su estructura permite seguirla y volverse parte de la realidad contada magistralmente por una narradora muy especial: la Muerte. Una narradora que sólo se limita a mirar lo que pasa, cumpliendo su tarea de llevar almas desde un lugar a otro, pero sin intervenir en los acontecimientos diarios.

Nuestra ladrona es Liesel, una pequeña que ha perdido a su padre –por ser comunista- y cuya madre está al borde de un colapso por la tristeza que esta situación le genera. Hundida en la más absoluta pobreza, la madre de Liesel decide dejarla a ella y a su pequeño hermano en una casa de acogida, con una madre y un padre que los cuidarán y por sobre todo podrán alimentarlos y darles cobijo.

El viaje hacia este hogar será un capítulo más del tristísimo destino familiar. El pequeño muere en brazos de su madre y es Liesel quien toma conciencia de esta muerte, frente a una madre casi inconsciente por el intenso cansancio.

El entierro del niño es realmente el origen de esta historia. Un libro. Pequeño. De tapas negras. Ilegible para Liesel ya que es analfabeta. Este libro, que cae del bolsillo de uno de los sepultureros, será el primero de una larga lista que nuestra protagonista robará.

La encuentro diario con sus padres adoptivos –principalmente con su padre, Hans-; con su vecino, que se convertirá en compañero de juegos, aventuras y delitos; con los clientes de su madre –a donde lleva y retira grandes bolsa con ropa, a veces sucia, a veces limpia- y con un judío escondido en su sótano relacionarán a nuestra protagonista con las letras.

Esta relación que muchos hemos establecido con pasión, le salvará la vida. Literalmente.

9 de agosto de 2010

Firmin - Sam Savage


Firmin es el típico ratón de biblioteca. Literalmente. Los que amamos los libros y el estudio sabemos lo que eso significa y el poco valor que se le da a esto en una sociedad que da más importancia a la imagen y a lo material que al desarrollo del intelecto. Mirados de reojo, como a un bicho raro, sintiéndose siempre como sapo de otro pozo.


Volvamos a nuestro protagonista, quien es despreciado por su familia y considerado un estorbo para la supervivencia del grupo. Firmin nació en una librería y tiene numerosos hermanos que siempre le ganan de mano a la hora de mamar, dejándole, en el mejor de los casos, los restos de la leche materna. Esta circunstancia hace que nuestro pequeño heroe siempre tenga hambre, y busque un alimento alternativo.


Su hogar está lleno de papel. Fino, grueso, a color o en blanco y negro, con ilustraciones o sólo texto: toneladas de papel que se vuelven -luego de acostumbrarse a su sabor y textura- en su alimento predilecto. Alimento del cuerpo hasta el día en que se da cuenta de que de tanto masticar palabras ellas se le han hecho familiares, han entrado en su organismo y ahora no sólo puede comer el papel para alimentar su cuerpo sino que también puede leerlos para alimentar su espíritu.


Firmin, de Sam Savage, es un libro maravilloso, conmovedor, que llena el espíritu de alegría y amor por los libros y las palabras.


Este pequeño personaje se vuelve grande a través de su capacidad, lo cual le va abriendo puertas que jamás -en su vida de roedor- podría haber imaginado. Los libros le permiten conocer personas imaginarias y, además, relacionarse con un escritor frustrado que será el mejor amigo y compañero que tendrá en su vida.


Escrito con delicadeza, sin golpes bajos ni estridencias, Savage nos invita a participar del mundo de Firmin, tan pequeño y grande a la vez como el mundo que cada uno de nosotros habita.

7 de agosto de 2010

Agosto

Teniendo en cuenta que julio fue un mes perdido para la lectura ya que no logré organizarme, y que junio fue bastante productivo (no lograba leer cuatro libros en un mes desde mis veinte años), creo que la idea del reto personal fue una buena estrategia. En agosto la característica que comparten los libros que elegí es que son autores que nunca he leído antes: Le Clezio, Haddon, Cumming y Bennet.

Si bien todos tienen más de un libro publicado, guiándome por sugerencias, temas e instinto, elegí los siguientes:

* de Le Clezio, "El africano"
* de Haddon, "El incidente del perro a medianoche"
* de Cummings, "Las horas"
(éste contrariando mi precepto de no leer un libro que ha sido adaptado al cine y que ya vi la película, ya me quejaba de esto en el comentario sobre “El lector”, pero como con “El gran Gatsby” tuve una buena experiencia, espero que está se parezca más a Fitzgerald que a Schlink)
*de Bennett, "Una lectora nada común"

Como siempre, ya les contaré que tal me va, espero esta vez poder ir reseñándolos a medida que los leo, ya que aún tengo pendientes dos de las de junio.

2 de agosto de 2010

El lector - Bernhard Schlink

Hanna es una mujer madura, con una belleza particular (“pero entonces no era torpe, sino flui¬da, graciosa, seductora; una seducción que no emanaba de los pechos, las piernas y las nalgas, sino que era una invitación a olvidar el mundo dentro del cuerpo”), cobradora de tranvía que oculta un secreto.

Michael tiene 15 años, vive con su familia, va al colegio y la gusta la lectura. Y oculta un secreto.

Una hepatitis debilita a Michael, se descompone en la calle y es Hanna quien lo ayuda y acompaña a su casa.

Así comienza una historia de amor, pasión, libros y mentiras que se prolongará a lo largo de décadas en una Alemania atravesada primero por el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial y luego por el recuerdo de este, que no permite que sea olvidado. Los jóvenes reclaman a sus padres el papel que jugaron durante la contienda. Los adultos prefieren seguir adelante sin mirar el pasado ni su propio interior. No quieren dar explicaciones, ni a los otros ni a sí mismos.

La relación entre la mujer adulta y el adolescente está basada en el sexo y los libros, cuya lectura por parte del joven es requisito previo indispensable antes del encuentro erótico entre los personajes.

Pero un día, Hanna desaparece sin dejar rastro. Michael la espera, la busca, pero ella no regresará.

Los años pasan y el re encuentro es traumático: Michael es estudiante de derecho y presencia como tal uno de los juicios a personas que participaron en el régimen nazi. Hanna es una de ellas.

Luego de transcurridos varias jornadas del juicio, Michael descubre el secreto que tan celosamente y con tanto esfuerzo Hanna ha guardado a lo largo de su vida. Develarlo equivale a salvarla de la condena más dura, pero ella insiste en ocultarlo. Nuestro protagonista se debate entre hablar con el juez y contarle lo que ha descubierto o respetar el deseo de la mujer.

Con el paso de los años, un Michael ya adulto y con una vida hecha –y también deshecha, hay que decirlo- vuelve a leerle a su amor de la juventud, pero esta vez a la distancia.

Mi primer acercamiento a esta obra fue a través de la película dirigida por Stephen Daldry y protagonizada por Kate Winslet, David Kross y Ralph Fiennes. En ese momento me gustó el argumento, la manera de referirse a un hecho tan importante de la historia, los sentimientos y emociones que transmitían los personajes. Pero claro eran tres actores llevando adelante la vida de dos personajes.

La novela me gustó menos. Está bien escrita –no podría afirmar lo contrario-, la historia es la misma -fue respetada a rajatabla lo cual no es lo habitual-, pero quizás el hecho de haberla visto previamente representada en la pantalla grande, le haya quitado parte de la emoción y de la indiscutible tensión que tiene esta historia.

Por esto es que prefiero no leer una obra luego de haberla visto adaptada al cine (aunque hay honrosas excepciones, la mayor parte de las veces quedo defraudada). No sólo me resulta imposible imaginarme a los personajes –ya que tengo el rostro de quien lo interpretó clavado en las pupilas- sino que además no puedo dejar de comparar ambas expresiones y eso me dificulta entablar una relación profunda con el libro.

1 de agosto de 2010

Lecturas de julio: cero

El mes de julio no fue productivo en el tema lecturas como lo había previsto. Ni siquiera logré organizar un reto propio como el de junio. Entre el trabajo y las vacaciones de invierno con los niños en casa (me refiero a niños en plural ya que a pesar de tener sólo una hija mi casa se convierte en la casa del pueblo y tengo visitas por doquier, lo cual me alegra ya que en la casa de mi madre esto era así: siempre había muchos más de los que viviamos efectivamente en esa casa) el tiempo se volvió escaso.

Por otra parte ya están programadas dos de las reseñas del reto de junio: El lector y Firmin, las cuales saldrán una mañana y la siguiente el próximo lunes. Las otras dos (La ladrona de libros y El librero de Kabul) están en producción. Ya llegan, lo prometo.

Espero que estos meses que quedan del año me den un poco de respiro para poder volver a mis adoradas palabras. Las que leo y las que escribo.

4 de julio de 2010

Libros con libros

Con “El librero de Kabul” finaliza mi propio reto literario: leer cuatro libros cuyos protagonistas sean ellos mismos.

“El lector”, “Firmin”, “La ladrona de libros”. Todos hablan de los libros como salvadores, como el escape perfecto a guerras, tanto internas como externas. Cada uno de los protagonistas –humanos o animales- se encuentra cara a cara con la muerte, la propia, la ajena, alguna más amistosa que otra, y todos toman al libro como escudo para hacerle frente.


En cambio en “El librero…”, los libros son sólo salvación para un personaje, para el resto es sólo una condena a una vida que no desean y que en algunos casos llegan a odiar.

Pero para ninguno de nuestros personajes, los libros pasan con indiferencia por sus vidas, salvación o condena, para todos tienen un significado importante en su realidad.

3 de junio de 2010

El extraño caso de Benjamin Button - F.S. Fitzgerald

Benjamin Button se volvió una celebridad por tener el rostro de Brad Pitt. No estoy segura de que Fitzgerald se lo imaginara de esa manera, pero tampoco creo que Robert Redford haya estado en su mente cuando nos describía a Gatsby (aunque entre nosotros, creo que no habrá un mejor Gatsby que Redford).

Dejando de lado el cine (y aquí recuerdo una entrada de lammermor sobre cine y literatura) volvamos al cuento. La ilusión de una joven pareja por la llegada del primer hijo se vuelve un drama victoriano cuando el hijo en cuestión nace con el cuerpo y la mente de un hombre de más de setenta años. A pesar de la negación de Button padre y de todos los artilugios a los que hecha mano, no logra que Benjamin tenga la apariencia ni la mentalidad de un recién nacido. Los osos de peluche lo aburren y el cigarrillo es su mejor compañía.

Aquí comienza una historia que en lugar de avanzar retrocede, una vida vivida al revés de lo que estamos acostumbrados, comenzando –oxímoron mediante- al final.

Con un final dramático, que deja –o al menos lo hizo conmigo-con una sensación de vacío aunque uno lo conoce desde la primera palabra, Fitzgerald le da una vuelta de tuerca a la vida cotidiana, a la vida de cada uno de los mortales, mostrándonos, de una manera fantástica e irreal, un nuevo punto de vista desde donde encarar la existencia.

1 de junio de 2010

junio

Comienza un nuevo mes y con él nuevas lecturas (aunque Bartleby...sigue acompañándome...¿será este un libro con maleficio, que no puede terminarse, que se niega a ser abandonado y que uno -como lector- "preferiría no hacerlo"?).

Al rescatar de un estante a Firmin -de Sam Savage- para al fin sacarlo de la lista de pendientes, se me ocurrió destinar este último mes de la primera mitad del año a libros que tienen a otros libros como protagonistas. Libros, bibliotecas y librerías como parte fundamental de la historia o como escenario de historias de vida.

Por el momento elegí para las lecturas de junio cuatro historias que están en mis estanterías: Firmin - Sam Savage, El Lector - Bernhard Schlink, La ladrona de libros - Markus Zusak y El librero de Kabul - Asne Seierstad.
Veremos cómo marcha.

27 de mayo de 2010

Seda - Alessandro Baricco

Herve Joncour tiene, aparentemente, su destino sellado: el ejército es su vida, para orgullo de su padre. Pero Badoliou está acostumbrado a torcer destinos y Joncour verá como los gusanos de seda serán la causa del gran vuelco de su vida. De toda su vida.

Badoliou es un empresario de la seda, quien llega a Lavallodid para instalar una hilandería, la cual no genera la confianza necesaria en las autoridades del pueblo. Hasta el día en que el empresario llega a la oficina del intendente con mucho dinero, y, como ya decía Napoleón Bonaparte hace muchos años, todo hombre tiene su precio.

A partir de ese momento los gusanos de seda y el Japón serán parte de la vida de JH, quien se dedicará a viajar clandestinamente al país oriental a traer de contrabando huevos de este tipo de gusano. Hari Kei será su vendedor, un hombre enigmático que posee entre otras “cosas” una joven esposa, extraña y silenciosa, dueña de ojos occidentales en un lugar donde Occidente no existe.

La vida de Joncour estará, a partir de su primer viaje al “fin del mundo”, dividida en dos: una tranquila y burguesa, con una esposa y una casa con jardín, y otra basada en la aventura, el peligro y la clandestinidad.

Con una narración sutil y exquisita, Baricco nos permite ser testigos de la vida de tres personas encerrados en una vida definida y determinada por otro, tres almas enjauladas, al igual que los pájaros exóticos que en algún momento son liberados, pero, a pesar de intentarlo, estas tres almas no logran escapar de sus cadenas.

Seda tiene múltiples interpretaciones, tantas como lectores, es de esas obras que no dejan indiferente a quien se acerca a ella. En muy pocas páginas despierta pasiones, provoca una infinita tristeza, enamora y genera odios.

Es un libro que recomiendo sin dudar, sabiendo que no todos llegarán al final con placer y que más de uno me recriminará la sugerencia, pero también sé que aquellos que logren encontrase con el alma de estos personajes, podrán colocar a Seda en el estante de sus libros favoritos.

30 de abril de 2010

Seda - Alessandro Baricco (empezando)

Son numerosas las cosas que hacen que me decida por un libro o por otro a la hora de sentarme a leer. En estos momentos tengo unos diez libros esperándome, y tengo varios dias en los que -por no tener la cabeza puesta en su justo lugar- no me decido por uno ni por otro. Pero hoy ocurrió algo que me hizo decidir: una entrevista radial a Alessandro Baricco hizo que tomara de esa pila Seda.

Numerosos comentarios lo hicieron llegar a mi lista de por leer, hoy lo tengo entre manos para comenzar a conocernos.

28 de abril de 2010

Bartleby y compañía - Enrique Vila-Matas (una aproximación)

Alguno de ustedes se preguntará por que mientras publico comentarios de distintos libros, la foto de Estoy leyendo... sigue estática. Bartleby y compañía es un libro que me acompaña hace meses, y es cierto que lo estoy leyendo. Pero de una manera más que pausada. Lo tomo, lo dejo y vuelvo a él en un mejor momento.

No creo que sea de los libros que se abandonan, y seguramente habrá lectores que habrán acabado con él de una sentada, pero no es mi caso. Me estoy relacionando con él en forma lenta, como se desarrollan las verdaderas amistades y creo que Vila-Matas pasará a ocupar un lugar preciado en mis anaqueles.

21 de abril de 2010

84, Charing Cross Road - Helene Hanff


El 9 de abril de 1997 murió la escritora norteamericana Helene Hanff, y qué mejor homenaje en un nuevo aniversario que la lectura de su obra emblemática: 84, Charing CrossRoad.
Helene Haff se desarrolló, fundamentalmente, como escritora de guiones para series televisivas, aunque su sueño desde niña fue escribir obras de teatro. Si bien estas obras recibieron muy buenas consideraciones por parte de críticos conocidos, nunca encontró quién quisiera producirlas.

Para sobrevivir, comenzó a escribir guiones para series de televisión que le permitían alquilar un espacio pequeño donde mal vivir y comprar los libros antiguos que tanto la apasionaban. En la búsqueda de ejemplares usados y en buenas condiciones, es que se encuentra con un anuncio de la librería londinense Marks & Co., y con un primer pedido comienza el intercambio epistolar que durará veinte años (la primera carta fue enviada por Helene Haff el 5 de octubre de 1949 y la última fue despachada desde la librería el 8 de enero de 1969).

A lo largo de estos veinte años que duró la relación epistolar fue forjándose una amistad, que no logrará nunca superar esta etapa ya que diferentes circunstancias harán que Helene no pueda cumplir su sueño de viajar a Londres (entre ellas, el gasto de todos sus ahorros en el arreglo de sus dientes).

Como dije más arriba, este intercambio comenzó en 1949, en plena etapa de posguerra, con Londres –y toda en Europa- viviendo bajo un régimen de racionamiento. HH, enterada de esta situación, decide enviarles algún tipo de provisiones, y esto permitirá que la correspondencia integre a otros miembros de la librería y a la familia de Frank Dosel, su principal interlocutor.


84, Charing Cross Road, es una novela epistolar, corta, de esas que no generan en su lector medias tintas: o se ama y pasa a ser un libro de cabecera o resulta un desperdicio de tiempo. Tengo la suerte de pertenecer al primer grupo, aunque en sus primeras páginas me acerqué peligrosamente al segundo.

La descripción que hacen en sus cartas los interlocutores de los sentimientos que les despiertan cada ejemplar me hicieron verme reflejada. Hay muchos lectores –ni hablar de los que no lo son- que no pueden comprender lo que algunos libros como objeto despiertan en algunos de nosotros. Mucha gente no comprende que uno entre en éxtasis al ingresar a una biblioteca, que pueda describir el olor de los libros, su textura, que se los tome y acaricie como si de un ser vivo se tratara.

“Casi temo tocar esas páginas de tacto tan suave que semejan de pergamino y de un fuerte color crema. Acostum­brada al blanco apagado y a las cubiertas de cartón rígido de los libros americanos, jamás supuse que un libro así pudiera proporcionar un placer tan gozoso al sentido del tacto.”

HH comparte conmigo y con muchos de ustedes esta pasión por el libro como objeto, y lo demuestra en cada una de sus cartas.

17 de abril de 2010

El invierno en Lisboa - Antonio Muñoz Molina

Luego de varios meses, más de los deseables - al menos para mí- regreso a este espacio. Las lecturas han sido esquivas y los escritos aún más. El verano no es mi estación, sólo logra agotarme y obnubilar mis neuronas, sumiéndolas en una nebulosa que sólo el frío logra disipar.
La escasa disminución de la temperatura por este hemisferio me permitió hojear el primer libro que leo de Antonio Muñoz Molina. “El invierno en Lisboa” esperaba en mi estantería desde hacía muchos años. Muchísimos. La marca que pongo a cada libro que adquiero –por haberlo comprado o porque me lo han regalado- dice que este ejemplar llegó a mis manos en 1994. Son varios los libros que me esperan de este autor español, pero un homenaje a la novela negra y el jazz son dos elementos a los que no logro resistirme.


Si me atengo a la contratapa, puedo decir que “Santiago Biralbo, músico de jazz, y Lucrecia viven una tormentosa historia de amor, interrumpida a veces por los altibajos de su propia pasión. (…) San Sebastián y Lisboa –evocada por una canción de Biralbo- son los testigos de esta historia, que se verá aderezada por una intriga en la que un cuadro de Cézanne tendrá un papel decisivo…”.

Si me voy a mi interior a buscar lo que me ha dejado es mucho más lo que puedo contar. Los escenarios son maravillosos, y Muñoz Molina los describe con una maestría que nos permite viajar hacia ellos y volvernos parte de cada uno de esos lugares. Nunca estuve físicamente en Lisboa, pero puedo decir que recorrí sus calles de la mano de Santiago Biralbo, que busqué a Lucrecia a su lado, y que sufrí sus pérdidas, sus miedos y su rebelión interna junto a él. Pero no sólo en Lisboa. También compartimos momentos en San Sebastián, en el Lady Bird, buscando la mirada de la mujer de turno a través del humo de los cigarrillos. La ciudad de Lisboa es otro de los personajes de esta novela, es el deseo, la ilusión de una nueva vida y el miedo a la muerte.


Con un manejo del lenguaje irresistible, y multipremiada "El invierno en Lisboa" es, como dije un par de líneas más arriba, mi primer encuentro con Muñoz Molina, pero estoy segura de que no será el último.

20 de enero de 2010

Tokio Blues - Haruki Murakami

Watabe recuerda y ese recuerdo le duele en el alma y tiene la sensación de que su cabeza va a estallar de tanta tristeza que le provoca. Norwegian Woods de los Beatles de música ambiental en un avión es la excusa para que nuestro personaje se retroceda dieciocho años en su vida y nos cuente su historia y la de un grupo de personas que fueron parte de su vida y tiene, aún, metidas bajo la piel-. Kasuki, Naoko, Midori, Reiko, Nagasawa fueron eslabones importantes en la cadena que unió el final de su adolescencia y el principio de su juventud. Tan importantes que sin ellos jamás podría haber pasado de una etapa a otra.

Amor, dolor, amistad, felicidad, tristeza. Emociones que este joven va descubriendo a medida que la vida le va mostrando su verdadero rostro.

Murakami nos cuenta los primeros años en la universidad de un joven de provincia, que llega a Tokio con el dolor inconmensurable e inmanejable de la muerte de Kasuki su mejor amigo. El encuentro con Naoko, la novia de Kasuki y los sentimientos que despiertan entre ambos, harán que Watabe comience a ver la realidad de otra manera. Hasta que todo se desmorona y el joven no logra descubrir su lugar y hacerle frente al futuro.

Apasionante relato de Murakami –que ya me había deslumbrado con Kafka en la orilla- en el que muestra la vida de un grupo de jóvenes en Tokio y su encuentro con el mundo de los adultos, de una manera clara, precisa y atrapante, haciendo sentir en la propia piel lo que estos personajes sienten.

Definitivamente, seguiré leyendo a Murakami.